viernes, 23 de mayo de 2014

Refugio vegetal

Yo puedo ser el padre
de incendios y de manicomios,
hermano de los rascacielos
pero siempre seré un hijo de mi madre.
Puedo arrojarle sal a una babosa,
y en acto de cruel humanidad
regalarle un verso a un mendigo.
Yo puedo destruir los teléfonos
de quienes me critican,
regocijarme en sus caries
con mis excesos
y mis redundancias
y en lugar de devolverles sus tomates
arrojarles uno de mis ojos.
Lejos de bibliotecas politécnicas
puedo detener el tiempo
si me da la gana,
morder escarabajos como caramelos
o echar a volar este potencial avión
sólo por gusto;
porque cuando siento ganas
no hay madre que me detenga.
Edison Lasso Rocha

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