HERNÁN VARGAS CARREÑO
A la vida vine a vivir.
Que no me falte la sagrada carne
ni el espíritu que la hace bella;
que tu mirada sea siempre
el espejo donde me pueda revelar;
que jamás jamás me abandonen los dioses de la poesía y
los avatares para llegar a ella;
que la noche no me niegue nunca sus alas
de vuelos alucinógenos y que el día
no me aplaste con sus esplendente verdad.
Que nunca me olvide agradecer lo recibido y
el ingenuo narciso que deje asomar de ninguna forma
sea malintencionado;
que el deleite del vino me secunde siempre
el fragor de la amistad;
que por el umbral de mi casa entren menos fantasmas
más seres reales, pero con la condición de que
posean la belleza que ilumina la poesía;
que el universo aleje de mí —lo más remoto posible—
mezquinos y fanáticos, maulas y malnacidos,
que a cambio, no me falten
tus deseados labios que llevarme a la boca,
ni los árboles y sus cantos de pájaros,
ni el misterio de los gatos
la hondura de la música y los atardeceres.
A la vida vine a vivir.
Pero no me lo hagan tan difícil,
que tengo pocas fuerzas
estos tiempos son realmente precarios.
Abran paso. No estorben, no malquisten.
Déjenme alucinar con el horizonte de los sueños
A la vida vine a vivir.
Que no me falte la sagrada carne
ni el espíritu que la hace bella;
que tu mirada sea siempre
el espejo donde me pueda revelar;
que jamás jamás me abandonen los dioses de la poesía y
los avatares para llegar a ella;
que la noche no me niegue nunca sus alas
de vuelos alucinógenos y que el día
no me aplaste con sus esplendente verdad.
Que nunca me olvide agradecer lo recibido y
el ingenuo narciso que deje asomar de ninguna forma
sea malintencionado;
que el deleite del vino me secunde siempre
el fragor de la amistad;
que por el umbral de mi casa entren menos fantasmas
más seres reales, pero con la condición de que
posean la belleza que ilumina la poesía;
que el universo aleje de mí —lo más remoto posible—
mezquinos y fanáticos, maulas y malnacidos,
que a cambio, no me falten
tus deseados labios que llevarme a la boca,
ni los árboles y sus cantos de pájaros,
ni el misterio de los gatos
la hondura de la música y los atardeceres.
A la vida vine a vivir.
Pero no me lo hagan tan difícil,
que tengo pocas fuerzas
estos tiempos son realmente precarios.
Abran paso. No estorben, no malquisten.
Déjenme alucinar con el horizonte de los sueños
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