Me estoy volviendo viandante
de los pueblos
en donde se remoja el pan
con el agua de lluvia
viendo pasar hasta la última gacela.
Las horas vuelan
en la ciudad emplumada
y el cóndor se retrasa
por la maldita hora ecuatoriana.
Quién es tan capaz
como el que se eleva
aún teniendo las alas rotas?
Cada rincón se pinta
de acuerdo con el tono que se escoge
en la sinfonía de la vida.
Cada volver contigo
es un reencuentro inusitado
difícil de explicar.
Pisándote los talones
voy
en camisa de dormir
porque se escapó la aurora
en una bici con dos asientos.
Es el silencio inútil
que golpea
las puertas de mi soledad;
es la taquigrafía de aprendiz
para abreviar el tiempo;
es prevenir el desatino
que pudiéramos cometer
hasta volver a repetir un nuevo asalto
a la cordura....
Autor: Edgar Molina S.
sábado, 25 de junio de 2011
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