
Yo quisiera regalarte mis ojos,
en ellos estás tú contenida,
por ellos mi mirada se confunde con tu misma presencia
y atónitos persiguen el halo de tu ciego dominio.
Yo quisiera convencerte de que te fueras sin ruido,
sin acto,
como una pisada en la nieve,
para así no recordarte como una llaga profunda,
para que así la lluvia dejara una huella invisible incapaz de herir la memoria.
Pero mis ojos no mienten cuando te nombran
y es una oración el iris exacto
que va forjando tu cuerpo en cada pensamiento que me alumbra.
Autor: Ramón Carballal Durán
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