Tules de niebla sobre las campañas
velaban los contornos de la quinta
y ascendía, en la tarde de aurea tinta
la égloga suspirante de las cañas.
Desenrollaba su monstruosa cinta
la negra procesión de las montañas
y evocaba el temblar de tus pestañas
nuestra felicidad por siempre extinta...
Entre las sombras, un gemir de esquilas
anunciaba las horas dolorosas...
vagaron por el prado tus pupilas...
Y, a punto de elevar sus oraciones,
tus labios se encendieron con las rosas
divinas de las Transfiguraciones.
Autor: Medardo Angel Silva
jueves, 3 de julio de 2008
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