domingo, 6 de julio de 2008

Confusión interior



Amanece...
Olías el frescor del alba
dejándote mecer por su perfume.
Tres signos externos sobre el cristal,
terriblemente transparente, de la ducha:
el rocío, el canto del gallo y un cielo
azul que palidece más y más...
Tus ojos semicerrados escuchan: el bar
abre sus puertas y las voces: broncas
unas, cálidas otras, todo lo invaden.
La virilidad no existe en este amanecer
sombrío: es un concepto; sólo voces altaneras
y aceitunosas, algún perdido Ki-Ki-ri-Kí y el canto
de no se sabe qué grillo sediento.
El agua empapa mi cuerpo.
Mi corazón sólo orientado por sonidos
efímeros y metáforas de color.
Me seco, el amarillo escuálido
contra el cristal.
Me lavo los dientes, el ocre
de la tierra comienza a perfilarse.
Me visto despacio, una línea roja
se encrespa sobre el tejado próximo,
también otra anaranjada y otra rosácea
sobre un fondo gris perla.
El cielo se deja invadir por una metafísica
de colores cambiantes...
Salgo a la calle, mis ojos se deslumbran
con claridad estival: ha amanecido...
En el patio de mi alma siguen acunándose
sonidos de insectos, de animales, de hombres,
en un monótono frenesí, que acompasa
mi más terrible confusión interna...
(ya no es tiempo de lilas)

Autora: Lola Santiago

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