
La cama sola.
El ojo muerto no inventa
sino que mora la noche bruna.
Empuña la esperanza esta breve espada
-lacónica respuesta que no sacia-
y de estocadas al aire no sangra el miedo
siquiera. Se reafirma y engendra nuevos dolores.
La cama sola.
Tú en el quicio de la puerta. (Ya perdido)
Tan triste...
Ésta es la hora aciaga,
cuando se funden las luciérnagas
y terminan vaciándose de sueños las utopías.
Autor: Elisa Berna Martínez
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