lunes, 5 de noviembre de 2007

Tres rosas



Hoy, quise buscarme entre tu prosa,

y recorrí presurosa

el laberinto huracanado de tus letras, ...

más no me encontré...

Solamente habías dejado

tres rosas solitarias en tus versos.

Una rosa roja, deshojada y muerta

gritaba

con los ecos de mi propia pena,

tu desamor.

La otra, blanca y aunque bella

me decía que ya nuestra pureza

estaba sufriendo con implacable dolor,

mi engaño.

Mas la última, clausurada a la caricia ...era amarilla...

Y cínica gritaba ante mi rostro, tu desprecio...

Sorbí de a poco la escarcha helada de mis lágrimas,

Y en el cenit de iracunda luna huí espantada,

a refugiarme arrepentida

en el total desconsuelo de mis amargas plegarias.
Ame el sol que se alojó en tu cuerpo,

porque de tu cuerpo nació el calor de tus caricias.

Hilada Roccia

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