
Te miras tú en tu virginidad
hermosa reina
de ojos negros y esbelto talle.
Tus manos de diosa virgen
desean el placer natural.
Sumida e inmersa te hallas
en un inmenso mar de contradiciones.
Tu norma y tus costumbres
frenan el placer de tus sentimientos.
¿No cambiará nunca tu forma de pensar?
Te has quedado atrás en el olvido,
pero tú sueñas,
quizás la Única.
¡Ay piedra dura del deseo!
Mariano Cortes
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