Borrando mis estrellas, espiaban hace rato sobre mi pecho, el parpadeo silencioso de tus ojos negros. Celeste buenos días de grandes pupilas. Me estudia. Me memoriza. Caprichosa, tu pierna se deja vencer sin preguntarme. Descarados, tus pies pequeños tontean con los míos. Dulzura que ahora juega a mujer posesiva. Te ríes vencedora cuando despiertas, otra vez, mis latidos. Pero no quieres mi risa imponiéndote caprichosa. Tu dedo me sella los labios convirtiendo el rincón de la cama en un callejón sin salida. Tus labios acorralando me avisan…”para ti y para mí, el mundo aún no existe”.
Autor:Miguel Cbo.
domingo, 21 de octubre de 2007
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